Toma de posesión de Claramonte (5 de abril de 1638)

El artículo resume el hito histórico ocurrido el 5 de abril de 1638, cuando la expedición hispano-germana descendió a tierra firme tras el providencial avistamiento del Monte del Sol.

Además, el texto detalla la importancia del Acta de Posesión de Clarus Mons, redactada al día siguiente por el escribano Martín de Herrera y firmada por las principales autoridades de la flota.

Este documento fundacional otorgó validez legal a la ocupación y proporcionó la primera descripción geográfica de la isla, certificando que se trataba de un territorio completamente deshabitado, montañoso, provisto de agua dulce y cubierto por densos bosques.
Acta de toma de posesión de la isla de Claramonte (1638). Digitalizada por la Fund. Verdugo y Cerdeña.
Acta de toma de posesión de la isla de Claramonte (1638). Digitalizada por la Fund. Verdugo y Cerdeña.
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La toma de posesión de Claramonte, ocurrida el 5 de abril de 1638, constituye el acto jurídico, militar y ceremonial mediante el cual el capitán general español Francisco de Álvarez de Toledo y Carvajal reclamó formalmente la soberanía de la recién descubierta isla de Clarus Mons (actual Reino de Claramonte) en nombre del rey Felipe IV de España.

Este acontecimiento, respaldado por la redacción del Acta de Posesión de Clarus Mons al día siguiente, sentó las bases para la posterior colonización del territorio, la instauración de un primer ordenamiento político bajo la figura de una intendencia, y la posterior transición hacia la Regencia Fuggeriana en 1643.

Contexto y desembarco

La expedición hispano-germana, compuesta por cuatro carabelas y financiada por la familia de banqueros Fugger, había ingresado al Océano Pacífico Sur tras cruzar el Estrecho de Magallanes (bautizado por la tripulación como «Nueva Gibraltar»).

El 3 de abril de 1638, tras presenciar un fenómeno meteorológico que iluminó el monte central de una isla desconocida (el Monte del Sol), los navegantes identificaron el territorio como un punto estratégico y providencial.

Diorama del desembarco del 5 de abril de 1838. Expuesto en el hall de la Universidad Real de Claramonte.

El 5 de abril, el capitán general Francisco de Álvarez de Toledo ordenó fondear las naves en la costa meridional y occidental de la isla. Tras verificar visualmente desde las embarcaciones que el territorio presentaba condiciones aptas para el desembarco, una comitiva de avanzada descendió a la playa.

El grupo estaba integrado por las máximas autoridades civiles, militares y religiosas de la flota, incluyendo a Francisco y Alonso de Álvarez de Toledo, el representante financiero Friedrich Fugger, el piloto mayor Diego Ferrando, el escribano Martín de Herrera y el sacerdote católico Rodrigo Salvatierra.

Ceremonia fundacional

El acto de toma de posesión siguió los protocolos y formalidades jurídicas establecidas por el Imperio español para los territorios de ultramar. Tras pisar tierra firme, Francisco de Álvarez de Toledo ordenó clavar una cruz de madera en la arena y alzar el estandarte real con las armas de Castilla y León.

De acuerdo con las transcripciones documentales conservadas en el Libro de Oro de la Historia de Claramonte, el capitán general pronunció en voz alta la fórmula de ocupación:

«Yo, Francisco de Álvarez de Toledo, en nombre del Rey don Phelipe Quarto, tomo e aprehendo esta isla por suya, e la pongo so su real corona e so su señorío, agora e para siempre, según derecho».

Inmediatamente después de la proclama militar y civil, el padre Rodrigo Salvatierra ofició una oración para consagrar el territorio, pidiendo que la tierra nuevamente descubierta «fuese para su gloria y bien de los christianos». La isla fue bautizada en ese momento como Isla de Clarus Mons del Nuevo Gibraltar.

El Acta de Clarus Mons

Toma de posesión de la isla, grabado de Rodrigo Salvatierra (1640).

Para dar validez perpetua e internacional al acto de ocupación, el 6 de abril de 1638 el escribano de la Armada de Su Majestad, Martín de Herrera, redactó el Acta de Posesión de Clarus Mons. Este manuscrito no solo certificó el dominio español, sino que ofreció la primera descripción geográfica, demográfica y de recursos del territorio insular.

En el acta, las autoridades certificaron que la isla se encontraba «yermada de gente natural, sin casas, sementeras ni señales de ser poblada de antiguo». Asimismo, se documentó que el relieve era montañoso y estaba cubierto de «árboles e bosques gruesos» (cipreses y arrayanes), destacando la existencia de fuentes de agua dulce, parajes propicios para la labranza y bahías naturales adecuadas para el resguardo y reparación de navíos.

El documento fue cerrado, signado y sellado con el sello real portado por el escribano, contando con las firmas del capitán general Francisco de Álvarez de Toledo, el intendente Alonso de Álvarez de Toledo, el padre Rodrigo Salvatierra, el piloto mayor Diego Ferrando y el propio Martín de Herrera.

Primer ordenamiento político e institucional

La toma de posesión trajo consigo el establecimiento inmediato de una autoridad administrativa. Francisco de Álvarez de Toledo tenía órdenes de continuar su expedición hacia Asia, por lo que debía dividir su flota: dos carabelas continuarían el viaje transoceánico, mientras que las otras dos naves, junto con parte de la tripulación y los colonos, permanecerían en la isla para sostener el nuevo asentamiento.

Para garantizar el orden y la justicia en el enclave, el capitán general dictó en la misma acta el primer nombramiento oficial de la isla. El español designó a su hermano, Alonso de Álvarez de Toledo, como Intendente e Justicia Mayor, otorgándole un mandato provisional de diez años, sujeto a la futura ratificación del rey Felipe IV. El mandato exigía a Alonso gobernar, administrar y defender el territorio, ordenando a todos los presentes y futuros pobladores que le rindieran obediencia en nombre de la Corona.

Repercusiones históricas de la posesión

La toma de posesión del 5 de abril de 1638 y la consecuente instauración de la Intendencia de Toledo aseguraron la supervivencia del primer campamento europeo en la isla frente a las inclemencias del clima oceánico.

Este hecho jurídico impidió que el territorio fuera reclamado por otras potencias marítimas y facilitó que, cinco años más tarde, la Casa Fugger hiciera valer sus acuerdos financieros con Madrid para enviar a Friedrich Fugger como Regente Vitalicio (1643), reemplazando a la intendencia provisional e inaugurando el largo periodo de la Regencia Fuggeriana.

Véase también

Referencias

1. Acta de Posesión de Clarus Mons (1638). Transcripción oficial. Archivos Reales de Claramonte.

2. Libro de la Primera Luz. Manuscrito testimonial conservado en la Biblioteca Real de Claramonte.

3. de Verdugo y Cerdeña, Alfonso (1772). Crónica de la Fundación Insular y Urbana de la Regencia de Claramonte. Edición original, Claramonte.

4. Libro de Oro de la Historia de Claramonte (Edición Bicentenario, 2013). Fundación Verdugo y Cerdeña. Capítulo I: «Descubrimiento y Fundación de Claramonte (1638-1688)».