La expedición hispano-germana de 1638 fue una empresa marítima exploratoria, militar y comercial financiada de manera conjunta por la Corona española y la Casa Fugger, una influyente familia de banqueros del Sacro Imperio Romano Germánico. Liderada por el capitán general español Francisco de Álvarez de Toledo y Carvajal, la misión tuvo como principal resultado histórico el descubrimiento, toma de posesión y establecimiento del primer asentamiento europeo en la isla del Pacífico Sur que posteriormente daría origen al Reino de Claramonte.
El viaje marca el inicio de la cronología oficial claramontesa y sentó las bases demográficas e institucionales del territorio, al transportar a los patriarcas de las siete familias originarias que conformaron la élite administrativa de la posterior Regencia Fuggeriana.
Antecedentes y organización
Patrocinio y objetivos
A principios del siglo XVII, la Corona española —bajo el reinado de Felipe IV— buscaba consolidar sus rutas navales en el Pacífico Sur y explorar nuevos territorios susceptibles de explotación comercial y resguardo estratégico. En este contexto, la Casa Fugger de Augsburgo, principal acreedora y brazo financiero de la monarquía de los Habsburgo, propuso participar en la empresa aportando capital, especialistas técnicos y provisiones.

A diferencia de las expediciones de conquista continental, la misión no tenía como propósito principal someter poblaciones nativas, sino identificar rutas marítimas seguras, evaluar recursos naturales para inversión de capitales europeos y establecer enclaves comerciales estratégicos. La expedición fue puesta bajo el mando militar de Francisco de Álvarez de Toledo y Carvajal, descendiente de la familia del quinto virrey del Perú, mientras que los intereses financieros y logísticos de los banqueros alemanes fueron representados por Friedrich (Federico) Fugger y el noble genovés Giovanni Battista Ferrari.
Composición de la flota
La flota expedicionaria estuvo compuesta por cuatro carabelas. Tres de ellas zarparon a principios de la primavera boreal de 1638 desde el puerto de Cádiz, en la península ibérica. Posteriormente, tras navegar por el Atlántico e ingresar al hemisferio sur, se les unió una cuarta embarcación proveniente del puerto del Callao, en el Virreinato del Perú. Esta última nave aportó suministros esenciales y a varios miembros del personal administrativo y eclesiástico que resultarían claves en el asentamiento.
Desarrollo de la travesía

Navegación y el «Nuevo Gibraltar»
La flota navegó hacia el sur del continente americano y cruzó el Océano Atlántico hacia el Pacífico a través del Estrecho de Magallanes. En la cartografía y bitácoras de la expedición, los comandantes se refirieron a este paso bioceánico como «Nueva Gibraltar», en una denominación simbólica destinada a eludir referencias al explorador portugués Fernando de Magallanes (sólo años antes la corona castellana había vivido su fraccionamiento ante la reconstitución del Reino de Portugal) y a trazar un paralelo estratégico con el peñón europeo que conecta el Mediterráneo con el Atlántico.
Una vez en el Océano Pacífico, la flota tomó rumbo noroeste hacia mar abierto, adentrándose en latitudes poco exploradas y enfrentando condiciones meteorológicas adversas, caracterizadas por vientos sostenidos del suroeste y densas brumas oceánicas.
El avistamiento del Monte del Sol
El hito central de la expedición se produjo en la mañana del 3 de abril de 1638. De acuerdo con el Libro de la Primera Luz y las crónicas de la época, la flota navegaba bajo una densa capa de niebla cuando los vigías divisaron un inusual resplandor en la lejanía. Al aproximarse, los marineros constataron que un claro circular en las nubes permitía que un haz de luz solar iluminara de manera directa y exclusiva la cumbre de una montaña en una isla virgen, dejando el resto del océano y de la masa terrestre en penumbra.

El monte, posteriormente bautizado como Monte del Sol (de aproximadamente 1.800 metros de altitud), inspiró a la tripulación a denominar al nuevo territorio Clarus Mons (Monte Claro), vocablo latino que evolucionó fonéticamente hasta conformar el topónimo «Claramonte». El fenómeno meteorológico —de carácter microclimático— fue interpretado por la oficialidad y el capellán de la flota como una señal providencial y un designio favorable para la toma de posesión, configurando el mito fundacional de la futura nación.
Desembarco y toma de posesión
La ceremonia fundacional
El 5 de abril de 1638, las carabelas fondearon en la costa meridional y occidental de la isla. Francisco de Álvarez de Toledo y Carvajal desembarcó acompañado por el capellán Rodrigo Salvatierra, los oficiales y los representantes civiles de la Corona y de la Casa Fugger. Al constatar que el territorio, de relieve abrupto y tupidos bosques de ciprés y arrayán, se encontraba despoblado, se procedió al acto de ocupación formal.
Álvarez de Toledo ordenó clavar una cruz de madera en la playa y alzar el estandarte real. En nombre de Felipe IV de España, proclamó la soberanía sobre la isla, bautizándola formalmente como «Isla de Claramonte del Nuevo Gibraltar». Acto seguido, el padre Salvatierra ofició una oración pidiendo protección sobre el nuevo dominio.

El Acta de Clarus Mons
Al día siguiente, el escribano de la Armada, Martín de Herrera, redactó el documento jurídico que oficializaba la incorporación del territorio al Imperio español, conocido como el Acta de Posesión de Clarus Mons. El documento dio fe del descubrimiento, describió la topografía y los recursos hídricos del lugar, y estableció la primera ordenanza administrativa. Fue firmado por el propio Francisco de Álvarez de Toledo, su hermano Alonso, el padre Salvatierra, el piloto mayor Diego Ferrando y el escribano Martín de Herrera.
Primer ordenamiento administrativo
Ante la necesidad de continuar la travesía hacia Asia con dos de las carabelas, Francisco de Álvarez de Toledo instauró una autoridad provisional que garantizara la supervivencia del campamento que se quedaría en la isla con las dos naves restantes. Para ello, nombró a su hermano, Alonso de Álvarez de Toledo, como Intendente e Justicia Mayor de la isla, otorgándole un mandato de diez años para organizar la colonización, coordinar los suministros desde el Perú y planificar un trazado urbano, en espera de la ratificación formal de la metrópoli.
Integrantes y linajes fundadores
La expedición de 1638 transportó a los patriarcas de las siete «Casas Originarias» que estructurarían la sociedad claramontesa durante los siglos posteriores:

- Casa Fugger: Representada por Friedrich Fugger, comisario financiero que en 1643 retornaría con el título de Regente Vitalicio.
- Casa Álvarez de Toledo: Liderada por Francisco y Alonso de Álvarez de Toledo, quienes ejercieron la jefatura militar y administrativa inicial.
- Casa Rodríguez de la Maza: Encabezada por Diego Rodríguez de la Maza Quijano, administrador y contador proveniente de Huamanga (Perú), encargado de establecer el sistema de registros.
- Casa Ferrari: Representada por el noble genovés Giovanni Battista Ferrari (Conte Palatino Lateranense), quien aportó la logística naval y sentó las bases del comercio portuario.
- Casa De Luca: Con la participación del administrador aduanero Giovanni (Juan) de Luca, fundamental en la redacción de contratos civiles, ordenanzas y urbanismo temprano.
- Casa von Altenburg: Integrada por el barón Heinrich Ludwig Reichsfreiherr von Altenburg, ingeniero militar que trazó las defensas iniciales y aportó conocimientos de topografía y matemáticas.
- Casa Morales de Vera: Representada por el oficial Juan Messía de Morales de Vera, experimentado militar de frontera que estructuró la vigilancia costera y el orden interno.
A este grupo se unieron tripulantes regulares y clérigos como el padre Rodrigo Salvatierra, pionero en el establecimiento de la fe católica insular que luego derivaría en la Orden de Claramonte.
Consecuencias y legado

El asentamiento inicial organizado por Alonso de Álvarez de Toledo logró subsistir a las duras condiciones del clima oceánico insular. Esta primera ocupación allanó el camino para que, cinco años más tarde (1643), Friedrich Fugger se instalara definitivamente en el territorio tras obtener en Madrid el decreto de Regencia Vitalicia. Este hecho desplazó al intendente a una posición subordinada e instauró la «Regencia Fuggeriana».
Diez años después de la expedición, en 1648, se fundaría oficialmente la Real Villa de Claramonte de Nuevo Gibraltar, materializando la visión urbanística de la expedición original. El cruce de intereses entre la administración colonial hispana y el capital financiero germano, forjado durante el viaje de 1638, determinó el carácter multicultural, autónomo e institucionalista del Reino de Claramonte, constituyendo el punto de partida de su historiografía nacional.
Véase también
- Regencia Fuggeriana
- Real Villa de Claramonte de Nuevo Gibraltar
- Casa Real de Álvarez y Fugger
- Acuerdo de Concordia de 1814
- Geografía del Reino de Claramonte
Referencias
1. Acta de Posesión de Clarus Mons, Archivos Reales de Claramonte, 5 de abril de 1638.
2. Libro de la Primera Luz, registro testimonial de la expedición, conservado en la Biblioteca Real.
3. de Verdugo y Cerdeña, Alfonso. Crónica de la Fundación Insular y Urbana de la Regencia de Claramonte. Edición original, Claramonte, 1772.
4. Libro de Oro de la Historia de Claramonte, Edición Bicentenario. Fundación Verdugo y Cerdeña, 2013.
5. Datos e historia general: Reino de Claramonte, Secretaría Nacional de Educación, Archivos Oficiales.